
A escasos 4,5 km. de Compostela se ubica una pequeña elevación de 380 m. desde la cual los peregrinos tenían, por primera vez, la lejana visión de las torres de la catedral compostelana. Este monte, reconvertido desde el Año Santo Compostelano de 1993 en zona residencial para peregrinos y visitantes y espacio de disfrute y encuentro, ubica ya al peregrino en el inicio del tramo urbano que
lo llevará a las puertas de la Catedral.
Durante la primera parte de este tramo los peregrinos se demoraban, felices, proclamando como “rey de la peregrinación’” al primero del grupo que había llegado a la cima del Monte do Gozo
Desde ese lugar se puede admirar el paisaje de Santiago: una panorámica que, cuando está el día despejado, permite ver a lo lejos las torres de la Catedral donde reposan los restos del apóstol.
Existe un enorme monumento con la imagen de Juan Pablo II, que en la parte superior tiene una gran cruz con la concha que simboliza el Camino, además de dos grandes figuras que nos muestran al peregrino que llega a Santiago.
El monumeto del Monte de Gozo es obra de la artista brasilera, Condesa Yolanda D’Augsburg Rodrigues.
Los tres últimos monumentos del Camino son obra de ella. Además de éste, el Apóstol a la entrada del aeropuerto de Santiago, en Lavacolla y el Arco de Estrellas en Santiago.
Una pequeña iglesia se ubica a un lado del monumento, justo en la arboleda. Tiene dentro un sencillo altar y alrededor de ocho bancas de madera, justas para hacer una reflexión sentida, con el corazón.
Es casi obligado llegar a este sitio y buscar tomarse la foto con el monumento al fondo, para seguir por espacio de una hora aproximadamente, con rumbo a la Catedral, frente a la plaza del Obradoiro.
Ahí se cruza la calle, donde está el Museo del Pobo Galego, para entrar en la Puerta do Camiño, que no es más que una rúa empedrada, llena de historias y leyendas, de gente amable y sonriente, que nos conduce directo a la plaza Cervantes, flanqueada por la iglesia a San Benito y la rúa del Preguntoiro, así denominada porque los peregrinos que llegan a la ciudad y no conocen el camino a la Catedral, suelen preguntar allí la forma más directa de llegar.
La oficina del peregrino se encuentra a unos 200 metros del lugar, y hay que sellar el carnet y recoger la Compostela, que es el certificado que otorga la misma oficina y la iglesia a quien cumple con la peregrinación, al menos, de 100 kilómetros a pie y 200 en bicicleta.
Luego, para muchos comenzará la jornada “complementaria”, que no es más que llegar a Finisterre, el fin de la tierra, como decían los antiguos pobladores de la Europa previa al descubrimiento de América.